El periódico cita a Steven G. Bradbury, segundo jefe de la Oficina de Consejo Legal del Departamento de Justicia, quien admitió que la administración republicana permitió a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) emplear "ciertas técnicas severas", pero únicamente "si no causaban un dolor severo y duradero".
A su vez Bradbury aseguró que las tácticas empleadas no tenían nada que ver con las usadas por la Inquisición española u otros gobiernos autocráticos del siglo XX, sino que el único elemento en común era el uso de agua.
El ex funcionario de la Oficina de Consejo Legal Martin S. Lederman criticó las declaraciones de Bradbury por considerar absurdo que rechace calificar de tortura ni de sufrimiento severo estos métodos.