En su intervención ante el pleno de la Asamblea General de las Naciones Unidas, con presencia de sus 192 países miembros, Benedicto XVI recordó que "el deber primario" de todo Estado es "proteger a la propia población" de cualquier tipo de violaciones de derechos humanos o crisis humanitarias.
Protección
"Si los Estados no son capaces de garantizar esta protección", la comunidad internacional "debe intervenir con los medios jurídicos previstos por la Carta de las Naciones Unidas y otros instrumentos internacionales", dijo.
El jefe de la Iglesia católica indicó que la intervención de la comunidad internacional "no tiene porqué ser interpretada como una imposición y una limitación de la soberanía".
Aseguró que, al contrario, "la indiferencia o la falta de intervención es lo que causa un daño real".
Sin embargo, el pontífice recordó a los miembros de Naciones Unidas la necesidad de agotar todas las vías diplomáticas para resolver la crisis.