Según anunció el portavoz presidencial, Tony Snow, el discurso comenzará a las 21.00 horas locales. Se espera que el discurso contenga el anuncio de un aumento de cerca de 20.000 efectivos en el número de tropas estadounidenses destacadas en Irak, actualmente en torno a los 140.000 soldados. Esas tropas se desplegarían en algunos de los barrios más conflictivos de Bagdad, en un esfuerzo para estabilizar la capital.
Imposición de objetivos para Maliki
Otra parte del anuncio del miércoles incluirá, al parecer, la imposición de una serie de metas al Gobierno del primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, para pacificar el país, sumido en una guerra civil de hecho.
Preocupación por la situación en Irak
La revisión de la estrategia en Irak ocurre en medio de una creciente preocupación de los estadounidenses por la marcha de la guerra, el principal factor, para los analistas, de la victoria de los demócratas en las elecciones legislativas de noviembre.
Una de las promesas de la nueva mayoría demócrata en el Congreso, que tomó posesión el jueves, es que ejercerá un mayor control sobre la política hacia Irak.
Para esta misma semana, y después del discurso presidencial, están previstas dos audiencias: una en el comité para las Fuerzas Armadas del Senado, en la que comparecerá el secretario de Defensa, Robert Gates, y otra en el comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, a donde está convocada la secretaria de Estado, Condoleezza Rice.
Atacar a los terroristas para evitar "otro 11-S"
Según aseguró Snow, Bush "entiende que hay mucha preocupación pública" por la marcha de la guerra. Pero, por otro lado, puntualizó, los estadounidenses "no quieren otro 11 de septiembre", por lo que tiene más sentido atacar a los terroristas en su propio terreno, en lugar de dejarles que lleguen a USA y perpetren nuevos ataques.
"Habrá un debate sobre los detalles en el camino a seguir, como tiene que ser. Le damos la bienvenida", aseguró Snow, quien expresó su esperanza en que el Congreso apoye el plan de Bush.
Durante los dos meses que ha llevado el proceso de revisión, el presidente ha consultado con las autoridades militares y diplomáticas estadounidenses, así como con los líderes del Congreso, expertos académicos y representantes iraquíes.
Informes como apoyo a la decisión final
También ha tenido en cuenta los informes, pedidos por él mismo, redactados por el Consejo de Seguridad Nacional, el Pentágono y el Departamento de Estado, así como el elaborado por la comisión independiente conocida como Grupo de Estudio de Irak y encabezada por el ex secretario de Estado James Baker.
Bush ha rechazado buena parte de las recomendaciones de esa comisión, que incluyen, entre otras cosas, el establecimiento de un diálogo con Irán y Siria. Dentro de la búsqueda de una nueva estrategia, Bush ha acometido una reestructuración de su equipo de seguridad.