El G8 acordó en sus sesiones del martes aceptar la meta de un recorte de las emisiones de gases invernadero en un 50 por ciento para el año 2050, aunque de modo no vinculante y sin establecer objetivos a medio plazo.
Con estas palabras, el G8 recogía la posición de Bush, que considera que para suscribir cualquier acuerdo vinculante es necesario incluir a las principales economías emergentes, como la India y China, también grandes países emisores de gases contaminantes.
"Recortes profundos" pero no al 50%
En su reunión con el G8, estas economías no aceptaron el objetivo del 50 para 2050, pero sí se comprometieron a efectuar "recortes profundos" a medio y largo plazo.
Previamente, la Casa Blanca había expresado su satisfacción por la declaración del G8, que "reconoce que el G8 no puede alcanzar por sí solo las metas (de reducción de gases contaminantes) y es necesaria la cooperación de las economías emergentes".
Una medida que no convence
Pese a las alabanzas de la Casa Blanca, los críticos consideran que esa declaración se queda corta. Los analistas estiman que se trata de una solución de compromiso, a la espera de medidas más sustanciales el año próximo, cuando llegue a la Casa Blanca el sucesor de Bush.
Tanto al demócrata Barack Obama como al republicano John McCain se les percibe como más flexibles en asuntos medioambientales. El presidente estadounidense logró sus aspiraciones en lo que respecta a la ayuda a África, uno de sus objetivos declarados para la cumbre.
Ayuda para África
Bush había indicado que buscaría que los países reafirmaran su compromiso con África y cumplieran las promesas efectuadas en cumbres anteriores hacia ese continente. Efectivamente, el G8 emitió una declaración en la que reiteró su promesa de doblar a 50.000 millones de dólares su ayuda al continente africano para 2010.
También expresó la posibilidad de ampliarla más allá de esa fecha. Según la Casa Blanca, los Ocho aceptaron difundir, por primera vez, informes detallados sobre cómo cumplen sus compromisos en la ayuda a la salud y la lucha contra la corrupción en el continente africano.
El presidente estadounidense se apuntó asimismo pequeñas victorias al lograr que el Grupo de los Ocho expresara su "grave preocupación" por el programa nuclear iraní y las consecuencias que pueda tener para la proliferación atómica.
Una llamada a Irán
Los Ocho instaron a la República Islámica de Irán a aceptar los incentivos que le ofrece la comunidad internacional y renunciar a sus actividades nucleares, muy especialmente el enriquecimiento de uranio. Sin embargo, Bush también se llevó reveses.
El presidente estadounidense aspiraba a lograr el consenso de los ocho países más poderosos sobre sanciones al régimen de Robert Mugabe en Zimbabue, tras las elecciones en las que el líder de la oposición, Morgan Tsvangirai, se retiró ante la violencia contra su campaña.
El acuerdo de los países europeos y Japón no pudo superar la oposición de Rusia en la cena de trabajo de la pasada noche. Finalmente, y tras un intenso debate, se optó por reducir la amenaza de sanciones a "nuevos pasos", no precisados, contra el régimen zimbabuense. Rusia también propinó otro golpe a los objetivos de Bush.
Al término de una reunión el lunes entre ambos, el presidente ruso, Dimitri Medvédev, aseguró que no había habido progresos en sus discrepancias acerca del escudo antimisiles que USA quiere desplegar en Europa del Este.