Los tatuajes: moda y arte en la piel

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Hacerse un tatuaje se ha convertido en una práctica cada vez más común. Ya han desparecido los prejuicios y personas de todas las edades se deciden a marcar su piel con alguna figura significativa. Sin embargo, este arte de pintar sobre la epidermis no es una costumbre actual, sino que es una tradición que se viene realizando desde hace miles de años. Lo que sí ha sufrido una transformación es el significado; si hace siglos era un símbolo que servía para diferenciar las clases sociales, hoy se ha convertido en un fenómeno de moda.

Las primeras demostraciones de esta práctica milenaria se muestran a través de los hallazgos arqueológicos. En 1991 se encontró en un glaciar a un cazador de la era neolítica que tenía la espalda y las rodillas tatuadas. Anterior a esta momia era la sacerdotisa egipcia Amunet, perteneciente al 2000 a. C, que se halló con tatuajes de un estilo lineal, simple y con diseños basados en los puntos y rayas. El origen de la palabra “tatuaje” proviene del latín y se traduce como “estigma”, es decir, marca hecha con un instrumento afilado.

Actualmente, los tatuajes se han extendido y han seducido a personas de todo el mundo y de muy diferentes edades. Esta abultada demanda ha ocasionado la profesionalización del tatuador.

¿Duele mucho?

Esta es la pregunta más frecuente que la gente se hace. Lo cierto es que sí que es algo doloroso, ya que las agujas que perforan la piel causan en ella una herida.

No es un dolor tan fuerte como uno se imagina. La sensación no es como la de una inyección, sino como una vibración constante sobre la piel. Además, tu cuerpo reacciona ante el acto y segrega endorfinas (atenuantes del dolor) que disminuyen la sensación de malestar significativamente. También debes saber que el dolor varía según la parte del cuerpo que elijas. Por ejemplo, el tatuaje sobre los huesos (clavícula, hombros...) tiende a ser más doloroso que en las zonas donde hay más carne. Asimismo, las agujas que se usan para perfilar duelen más que las que se utilizan para rellenar de color.

Lo que no debes obviar antes de hacértelo es que un tatuaje es para toda la vida. Por ello, ten cuidado con el diseño que seleccionas ya que a lo mejor para tu edad actual es perfecto, pero cuando tengas 20 años más, quizás ya no lo sea tanto.

Una vez que tengas decidido el dibujo es fundamental que te lo hagan correctamente. Para ello debes evitar los tatuadores que no tienen experiencia ni formación que los avalen. Los verdaderos profesionales tienen una maña apropiada en el arte del tatuaje, conocen y emplean métodos de esterilización responsables, y sus servicios, aunque con unos precios superiores, son mucho más seguros.

Para buscar un verdadero artista y profesional del tatuaje puedes mirar en las páginas amarillas, leer alguna revista sobre estos temas o asistir a alguna convención donde asisten todos los especialistas en este campo.

Proceso del tatuaje

Lo primero que hará el profesional será colocarte un papel “calca” para ver la colocación exacta del tatuaje sobre la zona. Una vez que estés de acuerdo, el tatuador colocará agujas nuevas en la máquina y los botes de tinta. A partir de este momento es fundamental que permanezcas lo más tranquilo posible y si tienes el estómago lleno mucho mejor, así evitarás mareos. Muchas veces es más angustioso el estrés que pasas en la sala de espera, que lo que realmente experimentas en la consulta.

Las partes elegidas para tatuarse varían en cada uno, no obstante, las más comunes son los brazos, pecho, espalda, piernas y tobillos. Aún así, hay gente que se decanta por la nuca, la cara o los genitales.

Es muy importante que te muestres muy estricto en relación a las normas de higiene. El artista tiene que utilizar agujas desechables, es decir, que después de cada uso las tiren a la basura y debe lavarse las manos antes de ponerse los guantes, preferentemente con algún jabón antiséptico.

Una vez que ya hayas sido tatuado no olvides cuidarlo con el máximo cariño; en los 10 o 15 primeros días evita el sol, el agua del mar, el vaho de la ducha, rascarte, sudar, o la ropa ajustada. Cuando ya haya cicatrizado ¡es el momento de lucirlo y disfrutar mirándolo!

Redacción Mujer
18/7/2008