Errores más comunes a la hora de alimentar a tu hijo

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Introducir alimentos antes de tiempo, comer frituras, 'picotear'... son algunos de los problemas que tienen las madres a la hora de alimentar a su hijo. ¡Conoce cuáles son los errores más frecuentes!

Durante el primer año

Introducir los alimentos antes de tiempo
Respeta siempre los plazos recomendados por el pediatra. Ofrecer al niño un alimento antes de que su organismo sea capaz de tolerarlo no tiene ninguna ventaja nutritiva y sí riesgos importantes: podría sentarle mal y, en el peor de los casos, desencadenar una alergia alimentaria.
 
Demasiada variedad de verduras y frutas
Cuatro o cinco verduras y hortalizas (patatas, calabacín, zanahoria, puerro, judías verdes) en su puré y tres variedades de fruta (manzana, pera, naranja) son más que suficientes para aportar las vitaminas y minerales que precisa. Se trata de que se acostumbre poco a poco a los alimentos distintos de la leche. Deja la variedad para cuando cumpla el año.

Demasiada cantidad
Respeta siempre las cantidades recomendadas, sobre todo en lo que respecta a las proteínas. Tu hijo tiene más que suficiente con un pequeño filete de carne, pollo o pescado (consulta el apartado Cantidades recomendadas). En general, la dieta de los niños en los países desarrollados adolece de un exceso de proteína animal, cuando lo ideal sería que del total de alimentos proteicos de la dieta los alimentos de origen animal aportaran entre la tercera parte y la mitad.

Purés homogéneos
Sólo debes utilizar la batidora para hacerle sus primeros purés. A los siete u ocho meses deberás sustituirla por el pasapurés y, progresivamente, hacerlos más espesos y grumosos, hasta incluir trocitos de patatas, zanahoria o calabacín en torno a los diez meses. Tu hijo debe acostumbrarse al sabor, el color y la textura de los alimentos, cosas que no apreciará en un puré de color, textura y sabor homogéneos y uniformes. Y también debe aprender a masticar.

Darle leche de vaca y el gluten
Cuidado con los alimentos que llevan "camuflados" esos ingredientes. No tiene sentido que no des a tu hijo gluten y en cambio le ofrezcas trozos de pan, o que le des galletas, pan de molde, quesitos, jamón de York o alimentos envasados que lleven leche de vaca en su composición antes del año, cuando aún no debe tomarla.

Obligarle a comer
Respeta siempre el apetito de tu hijo. Sabrás que está creciendo bien en la consulta del pediatra, quien comprobará que su peso y talla son los adecuados, no por la cantidad de alimento que haya dejado en el plato.

Los nervios en la mesa
La hora de comer ha de ser un momento agradable para todos. Si tu hijo vuelve la cara cuando le acercas la cuchara, le da un manotazo o hace pedorretas con la papilla te está diciendo "educadamente" que no quiere más. Retira el plato, límpiale la carita y quítale el babero, también "educadamente", sin hacer gestos de enfado o desagrado. Mañana será otro día.

Premios y chantajes
Prometerle un regalo si se lo come todo es uno de los peores errores que puedes cometer (más aún si el regalo en cuestión es una golosina). Tu hijo aprenderá pronto a "devolverte el favor" y en cuanto aprenda a hablar te deleitará con frases del tipo "pues ahora no como". Tampoco debes hacer una fiesta si ha dejado el plato limpio. Comer es una necesidad, no un capricho de mamá que él deba satisfacer.

A partir del año

Vía libre a los alimentos. Tu hijo ya se sienta a la mesa con vosotros. Pero debes seguir poniendo el mismo cuidado que antes a la hora de ofrecérselos:

- Continúa introduciendo cada nuevo alimento de uno en uno y respetando un plazo de cuatro o cinco días para darle el siguiente.

- Aún no puede comer de todo. Tenlo en cuenta cuando quiera compartir el menú con vosotros.

- Y sobre todo, aún no puede comer alimentos cocinados de una determinada manera: fritos (puede tomarlos de vez en cuando, sin abusar), muy condimentados o especiados, o cocinados con mucha grasa. En realidad, esta recomendación debería seguirla toda la familia. Adaptar el menú familiar a él es una buena idea.

- El picoteo entre horas. No es malo en sí mismo: tu hijo necesita reponer energías muy a menudo. Sin embargo, los niños suelen hacerlo más por puro capricho que por hambre. Lógicamente, si la comida principal no incluye una cantidad suficiente de alimentos el niño necesitará comer al poco rato. En este caso lo que debes hacer es planificar correctamente su alimentación de manera que no tenga necesidad de picar entre horas (incluso si lo que te pide es un alimento sano como una fruta, en vez de golosinas o patatas fritas, que es lo habitual).

- Otro motivo frecuente por el que los niños "picotean" entre horas es el simple aburrimiento: "como me aburro, pico, como pico, no tengo hambre a la hora de comer, y como no he comido bien, pico". En ese caso deberás romper el círculo vicioso con cierta dosis de imaginación: propónle una actividad que le guste y le mantenga entretenido, o simplemente, hazle compañía. Y muy importante: mantén la comida fuera de su vista. Una vez que haya merendado, o desayunado, retira de la mesa pan, galletas, fruta, o cualquier otro alimento.


Redacción Mujer
19/3/2008