La sala 2358A del edificio Rayburn era toda expectación, llena hasta la bandera de periodistas, estudiantes y empleados del Congreso que se escaparon de las oficinas de los legisladores para ver a la diva latina. Shakira entró calzada -al contrario que en muchas de sus actuaciones- y ni siquiera hizo un amago de contorneo de caderas.
Estaba allí para otra cosa: fomentar un proyecto de ley que ampliaría enormemente la ayuda de Estados Unidos a los países pobres con el objetivo de lograr la educación básica universal en el planeta. Con ello se unió a una larga lista de famosos de la talla de George Clooney y Angelina Jolie que en los últimos años han pisado los mármoles del Congreso para promover una buena causa.
Son rostros que el público no se cansa de mirar y voces que quiere oír. Así lo reconoció la congresista demócrata Nita Lowey (Nueva York), una abuela de ocho nietos que vestía un conservador traje de chaqueta azul marino y que estaba flanqueada por una Shakira llena de curvas y con amplio escote.