Ricky Martin cumplió con su promesa hecha al público neoyorquino de que se iba a "dejar el alma en el escenario" de la Gran Manzana, a la hora de poner el broche final a una gira que la crítica de varios países ha catalogado de "electrizante".
'Blanco y Negro' se caracterizó por la variedad y la fusión de los ritmos musicales diversos que han influido en la carrera del artista, así como por los efectos especiales, una espectacular coreografía y la música bajo la dirección del cubano David Cabrera.
Ante 20.000 espectadores
Sonriente, lleno de energía y con los sensuales movimientos que le caracterizan en sus bailes, el intérprete enloqueció a sus seguidores, que llenaron la famosa sala de espectáculos con capacidad para 20.000 personas, y en donde cantaron y bailaron con su ídolo.