Jackson falleció ayer a los 50 años inesperadamente en su casa alquilada en el lujoso barrio de Bel Air en Los Ángeles, pocas semanas antes de su prevista reaparición sobre los escenarios en unos conciertos veraniegos en Londres para los que ya no quedaban entradas.
A pesar de que su estrella se había ido apagando durante los últimos años, especialmente desde que fue acusado de pederastia y llevado a juicio en 2005, el controvertido "rey del pop" supo mantener su legado musical intacto y alejado de las noticias que hablaban de su bancarrota y cuestionaban su moralidad.
Su fallecimiento fue el último capítulo de una vida de estrella incomprendida al que nunca dio la espalda su legión de fans y que dijo adiós como mandan los cánones del estereotipo de gloria musical.
El pop se queda sin Rey
Sus seguidores le mostraron su apoyo incondicional incluso en los momentos más difíciles, cuando estaba acosado por las acusaciones de abuso infantil, de las que finalmente fue declarado inocente, y la opinión pública criticaba sus excentricidades.
Con su muerte, el pop queda huérfano de rey y sin un heredero claro, al igual que le ocurrió al rock cuando Elvis Presley desapareció tras sufrir un infarto en 1977 a los 42 años, los dos iconos más relevantes de la historia de la música moderna.